La Fuerza de Vivir

8 abr

Anoche tenía la tele puesta mientras preparaba la bolsa para el fin de semana. Al ir a apagarla, me quedé enganchada viendo la película La Fuerza de Vivir.

Aunque la pillé empezada, me emocionaron la historia y casi más los mensajes que me vinieron mientras.

Dos personas se conocen y se atraen, pero ninguna cuenta nada de su vida personal (incluyendo sus nombres). El tiene un cáncer terminal pero prefiere estar fuera del hospital mientras pueda. La noche en la que él parece decidido y la invita a su casa, ella lo rechaza y se marcha caminando, pero la señal de un semáforo indicando detenerse la hace regresar a casa de él.

Él mientras se ha marchado. Ha decidido ver a sus dos hijos pequeños y pasar con ellos un día pescando y hablando de sus cosas. Cuando vuelve llama a Sara, que así se llama ella. Esta vez ella no parece dispuesta a verle ni a salir de su postración, pero finalmente comienzan una relación en la que van conociéndose poco a poco, estableciendo amistad y complicidad antes que sexo.

Hay un momento de crisis cuando Phoenix (Sara) descubre en casa de él libros sobre enfermedades terminales y cómo morir. Cree que él, Griffin, ha estado jugando con ella, que resulta ser una enferma terminal con cáncer muy extendido e irreversible, y es cuando ambos se enteran de que también comparten la certeza de una muerte próxima.

Juegan como niños, se desafían a realizar aquello que siempre quisieron hacer (saltar de un tren en marcha, hacer pintadas). Viven cada instante, sabiendo que les queda poco de estar juntos en esta vida y disfrutar del mar, de un desayuno, de las conversaciones…

A Phoenix le gustan las Navidades y sabe que no llegará a la siguiente. Cuando finalmente tiene que ser ingresada, le pide a Griffin que no vuelva a verla y que recuerde el amor perfecto que han compartido. Griffin deja su tranquilidad y aceptación; estalla de ira e impotencia.

Finalmente Griffin regresará al hospital y convencerá a Phoenix a vivir una última aventura, escapándose del hospital para llevarla a un atardecer en un lago al borde del cual le tiene la sorpresa de un árbol de Navidad lleno de luces y regalos.

Cada día puede vivirse toda una vida.

Cada día es un regalo.

Nada permanece.

Sólo el amor (a la naturaleza, al universo, a nuestros seres queridos) es eterno.

Nadie nos debe nada ni nada nos ata a nadie.

buen fin de semana

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